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Nuevo alegato pro vida

Imagino lo mucho que querrá a su mujer y a sus hijos. Como cualquier cabeza de familia, está dispuesto a dejar los mejores años de su vida en un trabajo de mierda por un sueldo de mierda: todo sea por el colegio de los niños y por el bienestar de la santa. Pero, ¿habrá pensado este inconsciente en la no menos mierda de paga de viuda que le hubiera quedado a la santa? ¿Y la falta que le hace un padre a sus hijos?

Qué cosa tan estúpida lo de morir en el trabajo. A no ser que seas el Yiyo.

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Visto desde la ventana de mi casa el 26 de marzo.

Alegato pro vida

Protege mi vida

Jarabes para la catolicitis

El evangelio según Jesucristo (José Saramago).

San Manuel Bueno, mártir (Miguel de Unamuno).

Mano de santo.

(Posología: cucharadas soperas, ahora que se avecina epidemia.

Contraindicaciones: no administrar en caso de fanatismo).

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Nueva conversación en la catedral

Dios a la hora del bermú vermú de un lunes de marzo. Entra, fea costumbre, sin llamar.

-Cuchillo.

-Altísimo.

-Qué…, bien, ¿no?

-Bien, bien, contento.

-Para que luego digas.

-Para que luego diga qué.

-De mí, que me pones a caer de un burro.

-Nada, Divinidad, nada, si eso son frases hechas que salen con el piloto automático puesto. Me gustan porque son muy expresivas. Por cierto, de usted, si no le importa.

-No tiene nada que agradecerme entonces por lo de esta mañana.

-No.

-¿Pero no estaba contento?

-Sí, mucho, pero que no le tengo que agradecer nada.

-Estoy a tiempo de pegarle un soplido a su castillo de naipes.

-Hágase su voluntad.

Y como vino se fue.

Conversación en la catedral

Ha venido Dios a verme.

-Eh, ni me toque. Y de usted, por favor.

-Cuchillo, Cuchillo…

-Qué quiere.

-Que vuelva a escribir en el blog.

-Qué me ofrece.

-La salvación.

-¿?

-El cielo, el Paraíso, los ángeles, la vida eterna…, ya sabe de qué le hablo. No se haga el tonto conmigo, que soy Dios.

-En el cielo de los moros hay un harén de moras para cada moro.

-Ya, pero usted no es moro.

-¿Quiere que se la enseñe?

-Fantasma.

-Mira quién fue a hablar…

Y como vino se fue.

Camino

José Tomás, 15 de junio, a través del dolor y del sufrimiento venció a la muerte y alcanzó la gloria en vida; Camino fue vencida por la muerte para una gloria pagada en vida con dolor y sufrimiento. Dos ficciones reales, a su manera cada una: la de la realidad que quiere parecer ficción, y la de la ficción que quiere parecer real. José Tomás se ciñe medias rosas y vestido de lentejuelas para matar a la bestia; Nerea Camacho sufre de guión. Qué poco o qué nada que tienen que ver y qué sensaciones tan parecidas que dejan. Cuáles, no me dan las palabras. Pero tan punzantes como para contarlo.

Y no quiero contar más, sólo que al salir del cine tuve que meterme a un bar a esponjar las meninges con fortunas y cerveza; que a mi también me gustaría creer que después del último estertor la gloria, pero que creo que después del último estertor ni estertores ya; que respeto casi todas la creencias y que no todo es respetable en la vida; que la inocencia de un niño no se puede embotellar y etiquetar como Gran Reserva Santidad O.D.; que no me olvido de que Camino es una película y de que el O.D. (ni atreverme a escribirlo) no; y que en mi lecho de muerte mejor un doctor Montes que un perdonador.

No sé si adiós o hasta luego

Pero el caso es que hoy, cumpleaños de mi andadura bloguera, prieto el petate como se prietan las quinceñeras en sus vaqueros, me lo echo al hombro y cierro con llave. No hay nada especial que me empuje a hacerlo, simplemente que me lo empezó a pedir el cuerpo hace unas semanas y decidí que el día del Aniversario I era un buen día para dejarlo. La efeméride me ha servido de acicate para seguir un poco más sin tener ganas de seguir.

La cosa, de hecho, es bastante sencilla, no tiene misticismos ni lírica: me aburre el blog ya. Las sustancias químicas que se escupen mis neuronas ya no me piden pasarme por aquí a picar paridas, y sí leer, o perderme sin rumbo por las calles de La Latina, o mirar a la pared buscando formas en los grumos del gotelé, o hacer zapping, o echarle de comer a las carpas del estanque del Retiro, yo qué sé.

Eternamente agradecido a mi madrina Rosa, que me dio una alternativa de lujo y me puso en las mejores ferias. Eternamente orgulloso de haber apadrinado a Pepino, hoy figura del blogueo.

Y entre medias, un año que dio para contar muchas historias.

Hasta que nos volvamos a ver (¿quizá pronto?) y si no, bueno, ya sabéis que más tarde o más temprano todos vamos a terminar en el mismo sitio.