
Dicen que unas 25. La primera, con tequila. Morante vuelve en un ratito. Yo, de momento, no.
Feliz 2008.
[Fotón: Vigil]

Dicen que unas 25. La primera, con tequila. Morante vuelve en un ratito. Yo, de momento, no.
Feliz 2008.
[Fotón: Vigil]
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Y su verano azul. Yo de mayor quiero ser casi como vosotros.
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Esto de lo de los Dos pájaros de un tiro va tal que así:
- Auditorio lleno de planes de pensiones.
- Gamberreo con las canciones: corta, añade, cambia, mezcla.
- Mucho diálogo -genial- de Club de la Comedia entre tema y tema.
- Serrat, impoluto galán que quiere ir de travieso; Sabina, bufón que quiere ir de bufón.
- Compadreo de perfecto encaje, sin merengues ni empalagos.
- Sonido de lujo.
- Escenario en el que no cabe más gusto.
- Putada cantar con Serrat, y más si se canta como Sabina.
- Y por supuesto: Mediterráneo, Ruido, Tu nombre me sabe a yerba, Calle Melancolía, Fiesta, Y sin embargo, Palaures d’amor, 19 días y 500 noches, Penélope, Y nos dieron las diez, Cantares, Noches de boda…
- ¡Ah!, y Mi primo el Nano, ese que cuando gana el Barsa cree que hay Dios y es azulgrana.

Fotos: Marta (guiada por mis sabios consejos -“¡Vamos, hostias, dispara de una puta vez!”-)
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Valdemorillo speech: “Mmm-Mmm… ¡Ehhh, ehhh!“.
También sabe hablar y hacer fotografías. Tan bien, que lleva dos años seguidos ganando el premio de Taurovent a la mejor foto de la feria de San Isidro.

Paloma Aguilar (a la derecha) con una amiga. [Foto Vigil]
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Las 500 páginas largas de Hasta aquí hemos llegado nos las contó, con una gracia natural que hipnotizaba, el propio autor una noche de sábado en casa de Moeh. No obstante, leerlo -lectura obligatoria de la profe Rosa- me ha servido para poner orden y profundizar en una vida que nunca colaría como novela ni como guión cinematográfico. Por inverosímil. Si os digo que se recorrió África De Cairo a Cabo para encontrar a una nubia de la que se enamoró un amigo a través de la foto aparecida en una revista, ¿os lo creéis? Pues para qué seguir.
En la parte seria, sobresale el trabajo que lo convirtió en una celebridad de la prensa mundial: el reportaje de un tal Fidel Castro y de otro tal Ernesto Guevara que allá por los años 5o traían de cabeza a Batista desde la espesura verde de Sierra Maestra.
Con tanto viaje de película de aventuras, tanto trabajo novelesco, tanto beber y tanto follar -“¡Coño, Meneses, se ha pasado usted la vida bebiendo y follando!”, le dijo Fraga al terminar de leer sus memorias-, con todo eso, decía, llega un momento en el que pierdes al Enrique Meneses ser humano, sepultado por los brillos de un personaje rocambolesco.
Y en estas te topas con un capítulo, muy al final, que te parte el alma y los esquemas sobre Meneses.
A él, inmunizado de lo mundano y lo mediocre, que ni las caricias de los maderos de Batista le impidieron fijar una situación cómica del trance, a él, como al común de los mortales, fue a su casa a visitarle la más perra y mediocre de las enfermedades. No a él, pero a su casa.
Y después de haber tragado con pena el capítulo, y de haber visto al Meneses terrenal, las cuatrocientas y pico páginas de antes ya no se ven igual. No sé cómo, pero no igual.
Os regalo el pasaje que más me ha gustado. 1963, marcha sobre Washintong. Martin Luther King acaba de pronunciar su famoso discurso I had a dream en el Lincoln Memorial:
En el lugar más alejado del Memorial, donde la gente estaba apretujada, encontré una vieja negra de pelo grisáceo. Se apoyaba contra un árbol mietras tapaba sus ojos con una mano y lloraba silenciosamente. Me acerqué para interesarme por lo que sucedía. Se llamaba Hazel Mangle Rivers, nacida en Athens, Georgia, en el sur profundo. Crió en Birminghan seis hijas y dos hijos.
-Es la primera vez que salgo de Birminghan, Alabama, tengo 80 años y hace un momento, un hombre blanco que iba con prisas me había pegado un empujón.
-¿Le ha hecho daño?- pregunté creyéndola herida.
-¡Oh, noooo!- pero me dijo “Excuse me, Madam!” (Perdón, señora). “He called me… Madam” (Me llamó señora). Nunca me había pedido perdón un blanco y me habían empujado muchas veces. El largo viaje ha valido la pena.
Y, por supuesto, pasaremos a ver la exposición, Reina.
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Yo sólo digo que pocas imágenes podré ver en mi vida más enternecedoras que a un jevorro desatado de felicidad centrifugando la melena al traqueteo de la batería y de los rechinazos de la guitarra, y que por momentos el forro del cuerpo se me puso como las paredes de un congelador. Lo demás os lo explica el freaky éste, que por muy freaky que sea imagino que no pasará de aprendiz al lado de Pepino. Pero es que Pepino no estuvo. Es más: Pepino no ha visto nunca a Metallica en directo. Jódete, rojo cabrón.
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Ha tenido que llegar un profano como Pepino para aclarar conceptos de una vez por todas.
Me declaro fan incondicional de Kiko (y sus amigos).
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