
Marta me recoge a las cinco en Aravaca; a Carmen la recogemos entre las cinco y veinte cinco y media en la glorieta de San Bernardo. Como haya tráfico para salir de Madrid, paréceme que alguien va a llegar tarde…

Marta me recoge a las cinco en Aravaca; a Carmen la recogemos entre las cinco y veinte cinco y media en la glorieta de San Bernardo. Como haya tráfico para salir de Madrid, paréceme que alguien va a llegar tarde…
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Los mayores destrozos, dice Mamédov, los causó el comunismo en las conciencias de la gente. La gente no quiere trabajar bien y vivir bien. Quiere trabajar mal y vivir mal. A esto se reduce toda la verdad.
[Ryszard Kapuscinski, El Imperio, Anagrama, Barcelona, 1994. P. 154]
Ningún Louvre ni ningún castillo del Loira puede aportar tantas impresiones plácidas e inolvidables como las que produce el modesto y sombrío interior del Hotel Vorkutá. Funciona aquí la eterna ley de la relatividad. Entrar en el Louvre desde una calle de París no significa dejar la tierra para entrar en el cielo, mientras que sí lo es entrar en el vestíbulo del hotel desde una calle de Vorkutá. Este vestíbulo nos salva la vida, pues en él hace calor, y el calor es la cosa más preciada en esta ciudad.
[Op. cit, P. 162]
También de El Imperio:
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Engancha y cabrea, se lee en tres empujones y deja el sabor amargo de todo relato en el que los buenos pierden y los malos quedan impunes. Como advierte la contraportada, “no es un libro de toros, ni siquiera de un torero”, que es “una historia de amor” trabada por los talibán de la España de los 40 hasta conseguir quebrarla en un final de hiel.
Cómo sería aquella España de los sabañones, aceite de ricino, gasógeno, zatatos topolino y el género dentro por la calor, para que ni todo un Califa de los ruedos, el Dios pagano del pueblo, ¡Manolete, coño, que es que era Manolete!, pudiera elegir a la mujer con quien ser feliz. ¿Cómo iba a ser fascista este hombre, si los fascistas se dejaron la piel en alejarle de lo que él más quería?
“Sin ser un libro de extrema izquierda, es de un antiseñoritismo digno de aplauso”, ha dicho Joaquín Sabina de la ópera prima de Carmen Esteban. En una frase no se puede vender mejor el libro. Y dudo que se pueda explicar mejor que en estos dos post de David Plaza: Aún no se habían conocido y Antes de Linares, Manolete ya estaba muerto.
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No todo el mundo sabe cómo se hace el coñac. Para conseguirlo, hacen falta cuatro cosas: vino, sol, madera de roble y tiempo. Además, como en todo arte, hace falta gusto. El resto se presenta de la manera siguiente:
En otoño, después de la vendimia, se fermenta la uva. El alcohol obtenido se vierte en los barriles. Los barriles tienen que ser de roble. El secreto del coñac se esconde en los nudos de la madera. Mientras crece, el roble acumula sol. (more…)
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