José Tomás, 15 de junio, a través del dolor y del sufrimiento venció a la muerte y alcanzó la gloria en vida; Camino fue vencida por la muerte para una gloria pagada en vida con dolor y sufrimiento. Dos ficciones reales, a su manera cada una: la de la realidad que quiere parecer ficción, y la de la ficción que quiere parecer real. José Tomás se ciñe medias rosas y vestido de lentejuelas para matar a la bestia; Nerea Camacho sufre de guión. Qué poco o qué nada que tienen que ver y qué sensaciones tan parecidas que dejan. Cuáles, no me dan las palabras. Pero tan punzantes como para contarlo.
Y no quiero contar más, sólo que al salir del cine tuve que meterme a un bar a esponjar las meninges con fortunas y cerveza; que a mi también me gustaría creer que después del último estertor la gloria, pero que creo que después del último estertor ni estertores ya; que respeto casi todas la creencias y que no todo es respetable en la vida; que la inocencia de un niño no se puede embotellar y etiquetar como Gran Reserva Santidad O.D.; que no me olvido de que Camino es una película y de que el O.D. (ni atreverme a escribirlo) no; y que en mi lecho de muerte mejor un doctor Montes que un perdonador.




