Al José Tomás abusica le he dado lo suyo y se lo seguiré dando cuando vuelva a las andadas, pero hoy ante el Maestro toca arrodillarse y bajarle la bragueta, esa que esconde las bolsas escrotales más grandes de la historia reciente (y remota) del toreo.
José Tomás ya no torea con la perfección de su trienio cabal (Zabala dixit) ni creo que lo vuelva a hacer; a cambio, convierte cada lance y cada muletazo en una cuestión de vida o muerte. No creo que a JT se le haya olvidado torear “perfecto”, simplemente que le ha dado una vuelta de tuerca a su tauromaquia, más abstracta, menos dominadora, de mayor ajuste y, sobre todo, de un dramatismo brutal. A mí me gustaba más lo otro, el muletazo kilométrico, limpio y para adentro, pero esto del Tomás encroquetado en sangre y arena también tiene su gracia (su morbo más bien).
Lo de Madrid no ha sido, sin embargo, JT versión croqueta, sino JT versión puedelotodo y valiente hasta la extenuación. No ha habido volteretas ni apenas atragantones, y sí mucho ajuste milimétrico y terrenos de escalofrío.
Con un viento canalla, Tomás se ha ido con sus dos toros a los medios y ha bajado la mano casi hasta desollarse los nudillos en la arena: así es como menos molesta el viento, y no buscando cobijo cuatro pasos más adentro del tercio (¡Moranteeeeee!), donde los toros se acaban antes.
Ya que digo Morante: pocos discutirán que su capote está a años luz del de sus compañeros; hoy me he dado cuenta de que los trincherazos de JT, más recortaditos que la media, son los mejores del escalafón.
A estas horas del día no he leído todavía una sola opinión de lo que pasó ayer en Las Ventas. Sí que tengo claro que el que le ponga pegas a este triunfo histórico de Tomás, hará un ridículo tan grande como el que hacen los tomasistas ultras, los que, por ejemplo, ovacionaron extasiados y en pie un quite por gaoneras bastante discreto. Tampoco termino de entender eso de volverse loco por unos estatuarios, que por muy estatuarios de José Tomás que fueran –y que se llevan lo suyo con el resto-, no dejaban de ser estatuarios. Hay mucho de sugestión colectiva en las actuaciones de Tomás.
El blog sigue muerto, pero hoy había que escribir aunque fuera de urgencia y mal.
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