Pero el caso es que hoy, cumpleaños de mi andadura bloguera, prieto el petate como se prietan las quinceñeras en sus vaqueros, me lo echo al hombro y cierro con llave. No hay nada especial que me empuje a hacerlo, simplemente que me lo empezó a pedir el cuerpo hace unas semanas y decidí que el día del Aniversario I era un buen día para dejarlo. La efeméride me ha servido de acicate para seguir un poco más sin tener ganas de seguir.
La cosa, de hecho, es bastante sencilla, no tiene misticismos ni lírica: me aburre el blog ya. Las sustancias químicas que se escupen mis neuronas ya no me piden pasarme por aquí a picar paridas, y sí leer, o perderme sin rumbo por las calles de La Latina, o mirar a la pared buscando formas en los grumos del gotelé, o hacer zapping, o echarle de comer a las carpas del estanque del Retiro, yo qué sé.
Eternamente agradecido a mi madrina Rosa, que me dio una alternativa de lujo y me puso en las mejores ferias. Eternamente orgulloso de haber apadrinado a Pepino, hoy figura del blogueo.
Y entre medias, un año que dio para contar muchas historias.
Hasta que nos volvamos a ver (¿quizá pronto?) y si no, bueno, ya sabéis que más tarde o más temprano todos vamos a terminar en el mismo sitio.
Hay quien piensa que Madrid en agosto es algo así como la muerte. Nada más lejos de la realidad porque calor, como en cualquier otro sitio del interior y a partir de ahí queda una urbe inmensa con la mitad de la mitad de gente que la rompe cuando no es julio ni agosto. En verano Madrid se esponja y se hace más vivible que nunca.
La otra tarde que el cielo estaba tontorrón me he pegao una pechá a andar sin rumbo, y a rotulador grueso y con la sola ayuda de mi memoria inmediata -y mi birriosa cámara de retratar- ha dado de sí tal que ésto: (más…)
Concurso de gazpachos. Cuarenta grados a la sombra de los pinos de San Isidro. Botellines frescos y sartenes candentes. Un altísimo cargo del PP local que ha seguido muy de cerca el casoSol La Roda se acerca para saludarme. Hablamos y llegamos a lo inevitable, y entonces me cuenta que lo de Daniel Parreño tenía muchísima menos importancia de la que se le pretendió dar, porque el parque fotovoltaico iba a ser pequeño o algo así -buen argumento-, “aunque todos sabemos que se metió donde no debía y que hizo una tontería”. Esto lo dice, para el que se pierda con facilidad leyendo, su compañero de partido.
Luego me bebí unos cuantos botellines y eché mojás a la sartén que nos preparó Casonso.