Yo sólo digo que pocas imágenes podré ver en mi vida más enternecedoras que a un jevorro desatado de felicidad centrifugando la melena al traqueteo de la batería y de los rechinazos de la guitarra, y que por momentos el forro del cuerpo se me puso como las paredes de un congelador. Lo demás os lo explica el freaky éste, que por muy freaky que sea imagino que no pasará de aprendiz al lado de Pepino. Pero es que Pepino no estuvo. Es más: Pepino no ha visto nunca a Metallica en directo. Jódete, rojo cabrón.




