Cuchilladas D. C.

Los santos inocentes

Junio 22, 2007 · 24 comentarios

Nos seguíamos relamiendo con La Ciudad de los Prodigios que leímos el pasado domingo en la Monumental de la capital antitaurina, cuando ayer, a capón, volvimos a pegarnos a la tierra en una Alicante que nos tenía preparada la España de Los Santos Inocentes. Allí, en el bochorno -no sólo de temperatura-, ocho o diez mil inocentes decíamos “Milana bonita, Milana bonita”, mientras que los señoritos cazaban perdices y se reían de nosotros.

Hubo también guión para Berlanga.

Toma 1. El cervecicida.

El quinto busca tablas con todo el acero ya dentro, y por el camino le llega del tendido del ocho un bote de cerveza que le alcanza de lleno el testuz. Y entonces el animal dobla, harto ya de unas humillaciones que comenzaron antes de embarcar, cuando le serraron la dignidad y se la vistieron de luto con betún. Mas antes, mucho antes, su feble condición física que llevaba escrita en los genes le había condenado desde el momento mismo de su concepción a una lidia y muerte penosa y agónica. Pero lo que nunca jamás imagino el becerrón es que fuera a morir de un certero botezazo de cerveza. Y el cervecicida, lejos de recibir una ovación por acortar misericordioso la agonía del embetunado, recibe una sonora pita. ¡Vaya afición!

[Acotación

La becerrada de Garcigrande, como una despedida de soltera: todos con pollas en la cabeza, pollas de negros, embetunadas.]

El cervecicida es obligado a abandonar su localidad. Queda pendiente de juicio por cervecicidio.

Toma 2. Bailando a la luz de las estrellas

Anda Palazón con el descabello intentando despenar a la última borracha de la despedida de soltera (ésta con algo más de carácter, pero qué importa ya a esas altura de la noche), cuando se apagan los focos de la portátil de obra de Alicante y comienzan a sonar por megafonía pasodobles enlatados.

Toma 3. La tragedia.

Volvemos a Los Santos Inocentes y no encuentro dónde acomodar a José Tomás. Porque ni de Paco Rabal farfullando “Milana bonita”, ni de Alfredo Landa boina calada ni mucho menos de señorito caza perdices. Qué coño hacía ahí José Tomás.

Y para qué coño valen, Simón Casas, esos intentos de modernizar y de vender con imaginación la fiesta de los togos si luego predicamos con este ejemplo. Claro que, mientras queden santos inocentes como los que llenan la talanquera de obra de Alicante, seguimos haciendo caja. Pero lo de ayer, de verdad, fue de OCU.

Categorías: Vivir es derramar sangre

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