
El Café Comercial es el café de doña Rosa, uno de tantos personajes que pululan por esa novela construida a base de celdillas y que comienza, precisamente, en este Café Comercial que lo es de doña Rosa en el relato de ficción que de forma tan cruda y magistral recoge el Madrid mísero de la posguerra, y cuyo autor, en un anuncio de la Guía Campsa, ante un plato de pochas, le decía, con tono de mala hostia -el único que tenía-, a una muchacha famélica: “Come, niña, que estás muy flaca”.
Gallifante para el primero que ponga título y autor de la novela.





