Pepiño se podría haber ahorrado el viaje al juzgado, y Mikel Buesa tendría que haber cargado contra los fanáticos que ladraban cual jauría de nazis, en vez de buscar la excusa infantil del montaje. Imagino que de la cabecera de la manifestación no saldrían ladridos, al igual que imagino que desde ahí no se oiría lo que se coreaba ni cincuenta metros por detrás. “Yo, desde luego, que presidí la manifestación (…) ni siquiera oí un grito que fuera insultante para el Gobierno”. El portero de Argentina en Méjico ‘86 tampoco vio mano en el gol de Maradona. Mikel…
Este ‘montaje‘ lo grabó mi amigo Daniel Fernández, en el ajo de la manifa, con su inalámbrico de la Cadena Ser. Lo de la antena que le partieron y que le impidió entrar en directo en los boletines imagino que también fue un montaje. Ah, Dani, y las abuelorras esas chochas que te gritaban “¡Periodista terrorista!”, eso era otro montaje. Para darle colorcillo al asunto. (¿Qué hubiera pasado si llegas a llevar algún distintivo de la Ser?).
¿Tanto costaba, Mikel, desacreditar y apartar del espíritu de la manifestación a los borregos esos? ¿O es que eran parte del espíritu de la manifestación? Estoy convencido de que no, por mucho que con sus desafortunadas declaraciones se empeñe en demostrar lo contrario.
Tengo claro quién es el enemigo: Eta. Yo no estoy contra ustedes, estoy contra los terroristas y sólo contra los terroristas. Dejen de pegarnos empujones, que vamos en el mismo barco.




